Gracias a las características naturales de la Depresión de Antequera, que propiciaron su poblamiento desde antiguo, en Antequera se evidencian restos de asentamientos desde el Paleolítico hasta nuestros días.

Testimonios prehistóricos como el Conjunto Dolménico de Menga, Viera y el Romeral; romanos, como el municipio Antikaria; y árabes ya bajo el nombre de Medina Antaqira, en cuya época se construyó el Castillo Árabe, así lo atestiguan.

En época musulmana, toma la ciudad el carácter de fortaleza militar fronteriza. Pero esta situación cambiará con la conquista cristiana por el Infante Don Fernando en 1410. A partir de este momento, Antequera es considerada como una zona de expansión urbanística y demográfica, llegando a 15.000 habitantes, al mismo tiempo que se desarrollaban la agricultura, artesanía y el comercio.

 

Llegamos al siglo XVI, Antequera es ya una de las ciudades más importantes de Andalucía: gracias a su situación geográfica regula el tráfico de mercancías entre Sevilla y Granada, y Málaga y Granada.
Se edifican monumentales edificios religiosos - la Colegiata de Sta. Mª la Mayor, conventos de San Zoilo, San Agustín, el Carmen, la Encarnación, etc - y civiles como Edificio Municipal, Arco de los Gigantes, Casa del Cabildo, etc.

Sin embargo, con la llegada del siglo XVII, el manierismo y el barroco influirán decisivamente en la estética antequerana con la construcción de las iglesias de la Trinidad, Jesuitas y Sto. Domingo. A finales de este siglo principios del siguiente, se levanta el monumento más emblemático: la Torre de la Colegiata de San Sebastián.

Durante el siglo XVIII Antequera vive su mayor esplendor debido a una agricultura en auge, y a una importante actividad artesanal y comercial. La demanda de obras de arte por parte de la Iglesia fomenta la creación de una escuela local de artistas, cuya producción va en muchas ocasiones a ciudades limítrofes.
La arquitectura popular antequerana viene definida por la construcción de palacios y casonas pertenecientes a la nobleza.

 

Tras la epidemia de fiebre amarilla y su lógico descenso poblacional, comienza un período de recuperación. Ahora el papel de la nobleza lo toma la incipiente burguesía sustentándose en la industria textil lanera. Así a mediados del siglo XIX, casi un 25% de la población dependía de la elaboración de tejidos de lana, que se comercializan en toda España. Al mismo tiempo, el arte religioso casi desaparece.

El siglo XX comienza con una agricultura poco competitiva, extensiva, especializada en cereales y olivares. Tras las desastrosas consecuencias de la Guerra Civil, Antequera vive hoy un momento ilusionante, con una agricultura modernizada y una actividad industrial en constante crecimiento.